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7 junio, 2016

¿EXISTE UN PLAN DE EXTERMINIO?

No poseo pruebas para asegurar afirmativamente, pero todo pareciera estar sucediendo como si existiera y se llevara a cabo.  La inequidad persevera en suceder y es como si algunos gobiernos se empecinaran en ampliarla con medidas económicas que contradicen sus promesas de campañas y los discursos que les redactan sus asesores de imagen.

Habitando el territorio en que habitamos, sin proponérnoslo, terminamos maldecidos por las riquezas de que dispone, naturales algunas otras no, para la codicia irrefrenable de unos cuantos que encuentran, entre algunos de los nuestros, disposición para hacer posible su realización absoluta.

En últimas es la muerte el ideal supremo y les resulta indispensable atesorar en esta vida para poseer cierto puesto en la otra, en la que creen con fe de fundamentalistas.  Si no les importara tanto eso que llaman, sin titubear, la otra vida, la lucha por hacerse a un puesto en ella sería todo un despilfarro: ellos no se gastan a sí mismos.

Pero no solo creen en esa otra vida  sino que suponen poseer en esta atributos que, están seguros, los demuestra verdaderos representantes de la divinidad en esta.  Su fe mueve montañas, sobre todo si estas son ricas en diamantes, oro o cualquier otra mercancía dispensadora de poder y de impunidad. Hacen de los demás instrumento para preservar sus privilegios y los agrupan como a cualquier milicia en la que la muerte de un soldado pasa rápidamente a ser resuelta con el inmediato reemplazo.

Afilan su marketing: venimos de la pobreza absoluta, dicen, y a punta de esfuerzo, de trabajo, de tesón y de coraje hemos llegado a la cúspide.  Aprestigian su presente recordándonos ese pasado que han fabricado como leyenda disponible para uso de codiciosos.  Dirigido a los pobres, el texto de este marketing es escandalosamente eficaz para propiciar su resignación: “¡Ey! ¡Vosotros!  También nosotros fuimos como ustedes, pobres y vean a dónde hemos podido llegar.”

La pobreza tiene su altar, el altar es la pobreza: una madre que se embaraza sin copular, un padre que no lo es, un niño recién nacido, un buey que es un toro castrado y una mula que es estéril… Alguien quiere saber en qué suntuosos palacios se ha convertido ese pesebre?

Pesebre hecho sobre la base del hijo enviado al sacrificio, todo un acto propio de la guerra, esa actividad humana (aquello en la que abunda esa que W. Benjamin llamaba exageración, la violencia) y que no desaparece de las representaciones que se muestran en las catedrales más lujosas y en la mentalidad de cualquier creyente.  Si somos pobres, somos también dioses y del sacrificio podemos salir hacia la resurrección.

Mientras tanto, Herodes, ordena eliminar a todos los progenitores no romanos y fracasa en su empeño de asesinar al “nuevo rey”.

Marketing que prospera hacia la ortonoia, hacia la convicción del sentido común que convierte a un recién nacido menesteroso en rey del universo. Total, incluso nuestro sacrificio está no solamente indicado sino que deseado, para que se cumpla en su totalidad la identidad con el vástago/Rey.

Recuperar a los sitios sagrados fue consigna de las Cruzadas: ello pasaba por el exterminio de quienes desde la ortonoia cristiana eran simples usurpadores.  La espada del Mesías, anunciada por Mateo, cumple su propósito, a medias, pero no fracasa del todo en el intento.

La fe en otra vida mueve montañas, sobre todo si en ellas existen diamantes, petróleo, oro, o cualquier otra mercancía de esas que si reemplazan el agua y el aire, conducen a la muerte… esa tan deseada por quienes creen con fe ciega de que existe otra vida.

Es un verdadero exterminio el que está ocurriendo, como si obedeciera a un plan.  Es tan certero y eficaz sin haber necesitado de uno. Pero ojo: así como hay que desconfiar de las teorías conspirativas, también debemos desconfiar de las que niegan deliberadamente que estamos ante una catástrofe de la cual algunos apuestan a salir beneficiados.prueba-4

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