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18 mayo, 2016

PENSANDO EN EL POST-ACUERDO. OCURRENCIAS I

Puedo perdonarte porque también yo, como tú, algunas veces quise matar a alguien.  La diferencia está en que yo no llevé a cabo tal acción, fuera una idea intrusiva sin permiso de mi voluntad o fuera una voluntad ligada a alguna causa mesiánica.

 

Tú sí.

 

Como ambos coincidimos en que queremos vivir en paz, será a ti a quien corresponda renunciar a esa determinación de llevar a cabo tu deseo.

 

Me corresponde a mí mantener viva mi decisión para no hacerlo y permitirme que nazca, advertido ya no solo de tu antecedente sino de tu deseo sincero de rectificar, una nueva confianza con lo que será el verdadero descubrimiento que podrá enriquecernos a los dos: la posibilidad de que el pasado deje de imponernos su imperio en el presente.

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