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29 julio, 2016

¿QUIÉN ES EL DESTINATARIO DE LA INVITACIÓN A PARTICIPAR DEL PLEBISCITO?

Se niega deliberadamente el alma humana y después la lamentación la reconstruye tan precaria como se la temía.

Supongamos que llegamos a una situación en la que podemos perder la casa o conservarla.  La fuerza para que una u otra cosa suceda no está toda de nuestra parte.  Hay quien incide de modo determinante en la decisión.  Pregunto:¿Usted llamaría a su chico de 12 años a preguntarle qué desea él, conservar la casa o perderla?

No lo haría, por supuesto.  Y por su puesto. Así le confiriera a su hijo, con la pregunta, la posibilidad de tomarse por lo que aún no es, es decir, infatuarse.

Los términos con que actualmente  se invita a votar por el sí o por el no ignoran que el mensaje convierte a quienes han considerado toda la vida como menores de edad en infatuados.  Todos los votantes nos vamos a creer el cuento de que está en nosotros decidir qué es lo más conveniente.  Y desde la infatuación ganará la pasión mítica, el anhelo de leyenda, la fobia para con el pensamiento…

Habiendo sido siempre tratados como menores de edad, ahora somos convocados a considerarnos la junta directiva de una empresa con la cual se está jugando ni más ni menos que con el inmediato futuro de todos los que habitamos este país y, probablemente, en la región.

Más que de un slogan determinado la eficacia de quienes deseamos se apruebe los actuales acuerdos dependerá de la argumentación paciente y permanente que haga notar una cierta coherencia entre nuestro modo de discutir con nuestro modo de ser.  Promovemos aquello que ya practicamos: nuestra adhesión a un principio de realidad que desconfía de toda devoción por una creencia cualquiera.

Será nuestra propia manera de presentarnos adultos, mayores de edad, capaces de discernir alrededor de cuál sea la mejor manera de tratar las adversidades provenientes del conflicto armado de tal manera que pueda garantizarse la no repetición de las mismas.  Dejar que el fanático se enrede en la sin salida a que lo conduce  privilegiar la devoción con una creencia por sobre el interés en la realidad.

Nuestra confianza no estribará en la sinceridad de quienes consiguen reinsertarse luego de salir airosos de una negociación de paz, esa otra forma de lucha que ahora emplean para impedir por sí mismos su desaparición tortuosa.  No dependerá de ellos ni de ella. Dependerá de nuestra convicción  -tenida y mantenida durante todos estos años, en las virtudes procedentes de nuestro interés por la realidad de las cosas y los beneficios obtenidos.

Para que este país sea para todos, será necesario recordarle a muchos, que en buena parte ello no ha sido posible debido a que unos y otros se han empecinado en demostrar que la suya era la fórmula salvadora y definitiva.  Y recordar, para nosotros mismos, que la nuestra ha sido precisamente la fórmula que ha faltado y que, sin prometer paraísos de miel y de cucaña, exige de cada uno de nosotros dar lo mejor de sí porque se ha concedido a sí mismo el afán de cuidar de sí mismo.

Ustedes, unos y otros, eligieron una manera de proceder que los condujo al fracaso de sus propósitos, haciendo del resto rebaño-piñata. Sírvanse aprender a valerse de medios menos afrentosos para los demás para conseguir una vida que justifique ser vivida porque se vive anhelando hacerlo más allá de la simple supervivencia.  Será el único examen para probar la sinceridad de sus intenciones.  Por eso votaré por el sí en el plebiscito, sin esperar de nadie nada distinto que su apego a una normatividad que todos aceptemos.  Incluyendo a los niños y a las niñas.

 

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