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6 abril, 2016

TIEMPO PARA EL PENSAMIENTO

Me invitan (no de muchas partes, aclaro) a que diserte “sobre el posconflicto” y quien me invita no ha terminado de pronunciar la frase cuando yo ya me estoy sintiendo atragantado, podría decir, en estado de pánico y no de pánico propiamente escénico pues todavía el escenario apenas está imaginado si es que por pánico escénico restrinjamos su ocurrencia solo al momento del acto.

Aun, lejos del acto, digo que me atraganto y me asusto exageradamente antes de pasar a rechazar amablemente la invitación.  Soy afirmativo cuando se me invita, por ejemplo, a contar lo que hemos hecho y cómo.  Pero yo, que me creo contar entre los gestores de la palabra posconflicto, de la que empezamos a hablar junto con Rodrigo Solís en nuestros informes a Colciencias y a la Escuela Superior de Administración Pública, ahora ando como en el poema del “Tuerto” López, cuando oigo esa palabra, “maltrecho, medio bizco y turulato”.

No creo que se trate de un disparate sino que induzca al equívoco haciendo creer que existe un después del conflicto, cuando en realidad en lo que entraremos, en caso de que se firmen los acuerdos de paz con la insurgencia, será en nada diferente a un post-acuerdo que no necesariamente hará desparecer los conflictos aunque sea el anuncia de que uno de ellos si habrá terminado.

Lo cual, creer eso, resulta aventurado cuando la extrema derecha parece haber asumido como aprendizaje aquello de combinar todas las formas de lucha y mezcla parlamentarismo con movilización ciudadana y paros armados.

Me atraganta y me asusta que alguien me conceda un saber que a todas luces poseería alguien con más dotes de adivino que de intelectual.  Carezco de la inteligencia necesaria para hacer inferencias, así sean hipotéticas, acerca de lo que acontecerá una vez firmados los acuerdos con las dos formaciones armadas de la insurgencia.

Lo cual no quiere decir que no pueda afirmar una verdad de a puño y, si se quiere, de Perogrullo: sin esas dos entidades armadas la vida cotidiana de este país será otra muy diferente a la que nos ha acompañado hasta el presente durante los últimos 70 años, período de tiempo que involucra por lo menos a tres generaciones de nacionales.

La gran diferencia estribará en que naceremos a un nuevo acontecimiento: la supervivencia de un estado que tomará el relevo de manera disfrazada de la combinación de todas las formas de lucha… antipopulares, como he hecho ha venido haciéndolo hasta el presente, toda vez que la serie de reformas antipopulares de los últimos treinta años no hubiera sido posible realizarlas sin el concurso intimidatorio de las bandas criminales aupadas bajo la nomenclatura de autodefensas y, en muchas ocasiones, estimuladas por la inanidad política de la misma insurgencia armada.

No es un futuro promisorio y creo que así puedo entender mi atragantamiento y mi pánico pre-escénico.  El escepticismo que me acompaña deseo ponerlo en consideración de otros a través de la divulgación de este escrito.  No dejaré de considerar favorable la firma de los acuerdos de paz entre la insurgencia armada y el estado colombiano.  Pero habrá que prestar atención debida  a la oferta realizada por el Secretario de Estado de Estados Unidos, para la protección de todos aquellos que decidiendo dejar las armas, aceptan ingresar en el juego de la democracia.  No creo que el gobierno esté en condiciones de garantizar que la reingeniería activa de las antiguas bandas denominadas autodefensas, no lleve a cabo toda clase de retaliaciones como ya lo hizo en el pasado reciente con el exterminio de la mayor parte de una agrupación política formada en medio de un proceso de paz.  Y, además, solamente un poder con capacidad militar superior a la de los malhechores y sus determinadores, estará en condición de ofrecer tales garantías.  La oferta ha sido hecha públicamente, desconozco a cambio de qué…

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